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El Fracaso

 

fracaso

Es increíble la cantidad de información que podemos encontrar acerca del éxito, pero todos en algún momento seguimos teniendo fracasos, pero eso es precisamente lo que nos hace disfrutar después del éxito. Es muy diferente a ser un fracasado, lo cual es un término bastante fuerte, y prácticamente definitivo.

“El fracaso es la incapacidad del hombre de alcanzar sus metas en la vida, cualesquiera que sean.” (tomado del libro “El vendedor más grande del mundo” de Og Mandino).

Prácticamente todos los hombres exitosos han pasado primero por muchos fracasos. Lo importante es tener claro una visión, un punto a donde se quiere llegar y no descansar hasta alcanzarlo. El miedo es el mayor enemigo que tenemos, no nos deja avanzar. Hay que vencerlo para ser exitoso, es uno de los mayores retos del ser humano. La verdadera libertad se logra al vencer el miedo.

No tengamos miedo al fracaso.

gafas mágicas

USA PROTECTOR SOLAR

De Anthony de Mello

Imagínate a una persona gordísima y grasienta. En algo así puede llegar a convertirse tu
mente: en algo tan gordo y grasiento, tan pesado y lento, que sea incapaz de pensar, de
observar, de explorar, de descubrir… Mira a tu alrededor y verás cómo la mayoría de las
mentes están así: torpes, dormidas, protegidas por “capas de grasa”, deseando no ser
molestadas ni sacudidas de su modorra. ¿Qué son esas “capas de grasa”? Son tus creencias,
las conclusiones a que has llegado acerca de personas y cosas, tus hábitos y tus apegos. Tus
años de formación deberían haberte servido para eliminar esas “capas” y liberar tu mente. En
cambio, tu sociedad y tu cultura, que han recubierto tu mente con dichas adiposidades, te han
enseñado a no verlas siquiera, a refugiarte en el sueño y a dejar que otras personas -los
expertos: los dirigentes políticos, culturales y religiosos- piensen por ti. De ese modo, han
conseguido abrumarte con el peso de una autoridad y una tradición intangibles e
incontestables.
Veamos esas “capas” una por una. La primera son tus creencias. Si tu manera de vivir
viene determinada por tu condición de comunista o de capitalista, de musulmán o de judío o
de católico, estarás experimentando la vida de un modo parcial y sesgado; hay entre ti y la
realidad una barrera, una “capa de grasa” que te impide ver y tocar directamente dicha
realidad.
La segunda “capa” la constituyen tus ideas. Si te aferras a una idea acerca de alguna
persona, entonces ya no amas a esa persona, sino que amas tu idea acerca de ella. Cuando la
ves hacer o decir algo, o comportarse de una determinada manera, le pones una etiqueta: “es
tonta”, “es torpe”, “es cruel”, “es simpática”… Y entonces ya has puesto una pantalla, una
“capa de grasa” entre ti y esa persona; y cuando vuelvas a encontrarte con ella, la verás en
función de esa idea que te has formado, aun cuando ella haya cambiado. Observa cómo es
precisamente esto lo que has hecho con casi todas las personas que conoces.
La tercera “capa” son los hábitos. El hábito o la costumbre es algo esencial en la vida
humana. No podríamos caminar, hablar o conducir un auto si no tuviéramos el hábito de
hacerlo. Pero los hábitos deben limitarse al ámbito de las cosas “mecánicas”, y no deberían
invadir los terrenos del amor o de la visión. A nadie le gusta ser amado “por costumbre”. ¿No
te has sentado nunca a la orilla del mar, hechizado por la majestad y el misterio del océano? El
pescador mira todos los días el océano sin caer en la cuenta de su grandeza. ¿Por qué? Por el
efecto embotador de una “capa de grasa” llamada “hábito”. Te has formado una idea
estereotipada acerca de todas las cosas que ves y cuando tropiezas con ellas, no eres capaz de
verlas en toda su cambiante novedad y frescor: lo único que ves es la misma idea insípida,
espesa y aburrida que te has habituado a tener de ellas. Y así es como tratas y te relacionas
con las personas y las cosas: sin frescor ni novedad de ningún tipo, sino de esa forma torpe y
rutinaria generada por la costumbre. Eres incapaz de mirar de una manera más creativa,
porque, al haber adquirido el hábito de tratar con el mundo y con la gente, puedes activar el
“piloto automático” de tu mente e irte a dormir.
La cuarta “capa”, formada por tus apegos y tus miedos, es la más fácil de ver. Recubre
con una espesa capa de apego o de miedo (y de aversión, por consiguiente) cualquier cosa o
persona, y en ese mismo instante dejarás de ver a esa persona o cosa como realmente es. Y
para comprobar cuán cierto es esto, basta con que recuerdes a algunas de las personas que te
desagradan o temes, o a las que te sientes apegado.
¿Ves ahora hasta qué punto estás encerrado en una prisión creada por las creencias y
tradiciones de tu sociedad y tu cultura y por las ideas, prejuicios, apegos y miedos producidos
por tus experiencias pasadas? Hay una serie de muros que rodean tu prisión, de forma que te
resulta casi imposible evadirte de ella y entrar en contacto con toda la riqueza de vida y deamor que hay en el exterior. Y, sin embargo, lejos de ser imposible, es realmente fácil y grato.
¿Qué hay que hacer? Cuatro cosas:
Primera: reconoce que estás encerrado entre los muros de una prisión y que tu mente se
ha quedado dormida. A la mayoría de las personas ni siquiera se les ocurre verlo, por lo que
viven y mueren “encarceladas”. Y la mayoría también acaba siendo conformista y adaptándose
a la vida de dicha prisión. Algunos salen “reformadores” y luchan por unas mejores condiciones
de vida en la prisión: una mejor iluminación, una mejor ventilación… Y casi nadie se decide a
ser un rebelde, un revolucionario que eche abajo los muros de la prisión. Sólo podrás ser
revolucionario cuando consigas ver, antes que nada, dichos muros.
Segunda: contempla los muros; emplea horas enteras simplemente en observar tus
ideas, tus hábitos, tus apegos y tus miedos, sin emitir juicio ni condena de ningún tipo.
Limítate a mirarlos, y se derrumbarán.
Tercera: emplea también algún tiempo en observar las cosas y personas que te rodean.
Mira, como si lo hicieras por primera vez, el rostro de un amigo, una hoja, un árbol, el vuelo
de un pájaro, el comportamiento y las peculiaridades de las personas que te rodean… Mira
todas esas cosas de veras, y seguro que habrás de verlas tal como son en realidad, sin el
efecto embotador y deformante de tus ideas y hábitos.
Cuarta (y más importante): siéntate tranquilamente y observa cómo funciona tu mente,
de la que brota sin cesar un flujo de pensamientos, sensaciones y reacciones. Dedica largos
ratos a observarlo todo ello del mismo modo en que contemplas un río o una película. No
tardarás mucho tiempo en descubrir que es aún más interesante, vivificante y liberador.
Después de todo, ¿acaso puedes afirmar que estás vivo si ni siquiera eres consciente de tus
propios pensamientos y reacciones? Se dice que la vida inconsciente no merece ser vivida.
Podría afirmarse que ni siquiera puede ser llamada “vida”, porque es una existencia mecánica,
de “robot”; porque se parece más al sueño, a la falta de sentido, a la muerte… Y, sin embargo
es esto lo que la gente llama “vida humana.
Así pues. mira, observa, examina, explora… y tu mente se hará viva, eliminará su
“grasa” y se tornará perspicaz, despierta y activa. Los muros de tu prisión se desplomarán
hasta que no quede piedra sobre piedra, y tú te verás agraciado con la visión nítida y sin
obstáculos de las cosas tal como son, con la experiencia directa de la realidad.

Ejemplo

La decisión correcta

PARADIGMAS 1

Todo se transforma

Tienen que ver esta película, descubrirán un montón de distinciones

TU CREAS TU REALIDAD CON TUS INTENCIONES
Gary Zukav

“Tú creas tu realidad con tus intenciones. ¿Cómo ocurre esto? Las intenciones le dan forma a la Luz. Ponen la Luz en movimiento. Cada intención – rabia, lujuria, celos, compasión, comprensión –pone a cierta energía en movimiento, establece patrones de Luz en movimiento. La materia física es el nivel más denso, o pesado, de Luz.”

“Lo que tú sientes, lo que tú piensas, cómo te comportas, lo que valoras y cómo vives tu vida, reflejan la manera en que tú le das forma a esa Luz que fluye a través de ti. (…) Las intenciones ponen en movimiento procesos que afectan cada uno de los aspectos de tu vida. (…) Tus intenciones crean la realidad que tú vivencias. Hasta no darte cuenta de esto, ocurre inconscientemente. Por lo tanto mantente presente con lo que proyectas. Este es el primer paso del camino hacia un poder autentico.”

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